Un cuento de Navidad

Por Ángel Roldán Martínez, ingeniero de Montes.

Abetos y pinos suelen dar la bienvenida a las fiestas navideñas en nuestros hogares, escaparates y multitud de lugares públicos para vestirlos de fiesta. Pero cuando llega la hora de comprar un árbol de Navidad, ¿sabemos realmente  que conlleva elegir entre un árbol natural o uno artificial?

“El de plástico es mucho mejor”, es la respuesta que en muchas ocasiones escuchamos de los que se decantan por el artificial. “Es más sostenible  porque si cada uno de nosotros cortamos uno cada año, al final nos quedamos sin bosques”, esta suele ser la justificación más utilizada.

Respuestas que atienden básicamente a lo que desde niños aprendimos. En los libros de texto, se nos enseñaba, y todavía parece ser así, uno de los mitos más comunes, que cortar árboles es sinónimo de poner en peligro al bosque.

Y es que la corta de árboles que se realiza en los bosques españoles forma parte del conjunto de actividades necesarias para cuidarlos, la gestión forestal sostenible. Una disciplina que sigue siendo tan desconocida como vital para la conservación de los ecosistemas forestales. Sin embargo, en el colegio nunca nos enseñaron que cortar árboles en los bosques es necesario para mantenerlos en las mejores condiciones sanitarias, para regenerar los viejos, para aumentar su biodiversidad o para conseguir mejorar todo lo que nos ofrecen: setas, frutos como piñones o castañas, resina, corcho o madera, o entre otros productos, pero también infinidad de servicios.

 

Intervención de corta de arbolado para la regeneración del bosque. Monte Horcajos, Regajo Hondo y otros, Collado Hermoso, Segovia, 2025. Fuente: Servicio Territorial de Medio Ambiente de Segovia de la Junta de Castilla y León.  

El exceso de árboles, un peligro para los bosques

Según EUROSTAT (2023) desde 1990, España ha aumentado su superficie arbolada a un ritmo anual (2,19%) muy superior a la media europea (0,51%); de hecho, es el país del continente europeo con mayor aumento de superficie de bosque, aportando más del 40% del incremento del total europeo. Y en cuanto al número de árboles, nuestros bosques se han densificado con un incremento de un 130% desde 1975 a 2010, pasando de un promedio de 656 árboles por hectárea a 975 árboles por hectárea para dicho periodo.

Datos que confirman que en España no existe deforestación, situación muy distinta a lo que sucede en los bosques de otras latitudes, donde la supresión de árboles en los bosques es uno de los grandes problemas que afectan a la salud del planeta. 

Entonces, ¿por qué más árboles suponen más peligro para los bosques? Pues porque en los bosques densos, no hay agua para todos los árboles en temporadas de sequía; porque se acumulan grandes cantidades de biomasa que no se retiran y que son combustible para los incendios; porque la frondosidad de sus copas impide que la luz llegue hasta el suelo, empobreciéndose los hábitats y perjudicando a la biodiversidad; o porque la colonización de terrenos por los árboles crea paisajes homogéneos y continuos más vulnerables a la propagación del fuego, entre otros muchos inconvenientes.

Colonización del bosque sobre cultivos agrícolas abandonados. Megina, Guadalajara, 2003. Fuente: Otero

El problema del exceso de árboles en los bosques españoles responde a causas socioeconómicas de compleja resolución. Sin embargo, hay una herramienta que nos permite solucionar parte del problema: la gestión forestal sostenible. Una disciplina basada en la ciencia forestal que nos ayuda a mejorar el bosque en cada momento cortando sus árboles sobrantes.

Ojalá la magia de la Navidad ayudara a los bosques a retirar esos árboles excedentarios. Sería una preciosa historia que cada año las familias pudieran ir al bosque a recoger el árbol que le corresponde y así vivir en primera persona la gestión forestal sostenible. Una experiencia realmente emocionante que permitiría que en nuestro hogar nos acompañara una encina, un alcornoque, un roble, un pino, un haya, un abedul, un arce, un chopo o un abeto, entre otros muchos. Y así reconectar con el bosque averiguando de dónde viene el árbol de navidad, saber lo que ha vivido o conocer por qué sobraba . Y por supuesto, acariciar sus hojas y sus frutos, llenar nuestros pulmones con sus olores u observar el equilibrio de sus ramas cargadas de adornos. No sólo sería un bonito cuento de Navidad, haríamos una de las cosas más útiles para cuidar nuestros bosques.

Elegir un árbol natural de Navidad significa reducir la huella de carbono que produce la fabricación de los árboles de plástico, los “made in china”. Pero además poder dar al árbol una segunda vida cuando finalicen las fiestas usando sus residuos para abonar nuestro jardín, el huerto o las plantas en maceta. O si sobrevive, trasplantarlo. Una opción, la de reciclar o reutilizar, que evita la contaminación por microplásticos que los árboles artificiales producen una vez que finalizan su periodo de vida, a la vez que contribuye a aumentar el efecto sumidero de CO2 que realiza la madera.

Algo posible, al menos en Navidad

Pero como todos sabemos que este cuento no va a suceder en la vida real, lo que si podemos hacer para ayudar a los bosques es comprar un árbol natural. De esta manera ayudamos a las familias que se dedican a cultivarlos. Y no sólo eso, porque esas mismas personas que trabajan en los viveros forestales también lo hacen para cuidar los bosques todo el año: sembrando y plantando nuevos árboles,  eliminando los que sobran y aprovechándolos para transformarlos en los productos con los que vivimos a diario.

Empleados del vivero Can Jover Cultius, de Sant Hilari Sacalm, en plena campaña. Fuente: La Vanguardia. 

Y así, el árbol natural de Navidad no sólo se encarga de hacernos reconectar con el bosque, también con todas las personas encargadas de su siembra, de realizar sus cuidados, la extracción y el transporte, así como su comercialización y venta. Una historia, la de cada árbol, repleta de personajes protagonistas que sin embargo permanecen en el anonimato en la mayoría de las ocasiones.

Al igual ocurre en los bosques, donde somos incapaces de reconocer a la población rural que los cuida y que vive del exceso de vegetación del ecosistema: motoserristas, maquinistas, transportistas, operarios de fábricas, entre otros muchos. Personas a las que a su vez debemos de cuidar porque son nuestra apuesta para conseguir eliminar ese exceso de árboles  de muchos de los bosques españoles donde los árboles crecen sin ningún tipo de control y de otros donde se viene realizando durante décadas o siglos de manera sostenible.

Personas que cuidan los bosques cortando parte de sus árboles

Y para eso mismo, para visibilizar y conocer a estas personas y  enseñar que cortar árboles en los bosques es necesario para su conservación, algo nada sencillo ni directo y menos al público infantil, se encuentra disponible en librerías “Silvestre y el leñador”, un cuento que emociona tanto como enseña. Una historia que transforma algo tan cotidiano como un bosque en un lugar donde conviven el compañerismo, el aprendizaje y la sostenibilidad.

Una historia donde Silvestre es un joven pino que ha perdido a su viejo amigo Fustalote, un árbol de un siglo de edad cortado por el leñador. Como muchos niños, quiere entender por qué ocurren cosas como estas en los bosques. El pino pronto descubrirá que ese leñador al que odia pero también teme no es un enemigo como el creía: es alguien que cuida, protege y mantiene vivo al bosque.

Portada del cuento ilustrado «Silvestre y el leñador»

Y es que, la mayor parte de las veces, comprender el ciclo de la naturaleza requiere una mirada más profunda que la que damos a simple vista… y eso es justamente lo que este cuento invita a descubrir. Ahora que en Navidad tenemos tiempo para detenernos y sumergirnos en el bosque, podemos aprovechar para hacerlo con una historia que reconecta a la familia con la naturaleza. Un relato para abrazarse a la gestión forestal sostenible, para reconciliarse con lo que no entendemos, y que a veces, sucede en los bosques.

Para aquellos  lectores curiosos e interesados en aprender más sobre la historia de este cuento, pueden utilizar los recursos didácticos a los que se accede a través de un código QR que se incluye. Y si terminada la Navidad, tus hijos/as  quieren llevar el cuento a clase, el personal docente puede usarlo como libro de texto para aprender sobre la gestión forestal sostenible gracias a la situación de aprendizaje que se incluye.

 Puesta en práctica de la situación de aprendizaje «Silvestre y el leñador» en el aula de la naturaleza de Revenga, Segovia.

Del mismo modo que elegir un árbol natural es apostar por bosques gestionados de forma responsable, elegir “Silvestre y el leñador” es plantar una semilla para la educación que seguirá creciendo pasadas las fiestas. Así que si en los próximos días buscas un regalo que siga teniendo vida cuando se apaguen las luces, deja que sea este. Porque a veces basta una historia sencilla para encender algo que dura mucho más que la Navidad.

Accede a: Silvestre y el leñador, un cuento para sumergirse en los bosques.

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3 respuestas

  1. Excelente enseñanza y para que el trabajo que realizamos los que amamos los montes, sirvan de futuro para nuestras generaciones.

  2. Muy interesante. Se transmite una idea desconocida y muy importante en este artículo. Tan chocante con lo q realmente creemos q dan ganas de difundirlo mucho.

  3. Interesantísimo y, para mí, esclarecedor.
    Me parece vital que esta realidad desconocida llegue a los más pequeños para cambiar el futuro.
    Regalaré el libro esta Navidad.

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